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Fuera de GaRaNtÍa

¿De qué manera un fallo (o un aparente fallo) te prepara para un próximo éxito?

Y mientras valoraba la opción de que mi mente primitiva tomara las riendas de la narración, al releer, por tercera vez, la pregunta, no he podido evitar sonreír de una forma un tanto pícara y mordaz, pues si bien lleva su tiempo elaborar una respuesta escueta, lo escrito entre paréntesis delata nuestra naturaleza.

Parece obvio decir que, por exclusión, o sencillamente por oposición , todo lo que no es éxito, es fracaso.

En el mejor de los casos, y no negaré que los haya, ante un fallo estrepitoso en el que cuerpo y mente quedan por siempre marcados, la humanidad, en un instinto natural por sobrevivir al daño, no ha tardado en acuñar multitud de eufemismos y atribuir innumerables beneficios al fenómeno errado. ¿Quién no buscó consuelo “queriendo” creer haber transformado el dolor en fuente de aprendizaje, en experiencia madura, en un robusto cayo, hermético caparazón o costra impenetrable? ¿O incluso en la emisión de un descuento para la adquisición de unos zapatos de plomo con los que dar, para su ignorancia, aún descalzo, sus futuros pasos? En cualquier caso, ya puedes errar 10 veces, y sentirte agradecido por “lo 10 veces aprendido”, que si tu alma, tu mente, y cuerpo, eligen volver a exponerte, tus anteriores tropiezos no son aval de tu éxito.

Sin embargo, los hay mucho más afortunados – y no es mi caso- pues la historia, incluso la nuestra propia, nos muestra como muchas son las personas que han tramado sus argucias para calmar el dolor de la parte más vil que en el ser humano pueda existir: el ego elevado a la enésima torpeza.

Y sin ánimo de atribuir tal característica a quien nos lanza esta pregunta e invita a reflexionar, me atrevo a devolverla reformulada y directa al blanco ¿Qué pueden aprender aquellos, o cuánto, a los que reconocer un error supone un auténtico desgarro, un morir en vida, algo sin permiso para ser verbalizado? (Y me recuerdo, de paso a ti, que mi consciente se activó ante la apertura del paréntesis al “Aparente fallo”)…

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Soy Vanessa

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Tengo 45 años y la ilusión de una chiquilla al encontrarte por aquí: “Bienvenid@ a mi mundo!”. Me atrevería a decir que conoces a pocas personas como yo ¿Así de osadas? No…así de «rara» y «extra-ordinaria». Y es que desde los 24 años ando inmersa en una maraña de síntomas que culminó a los 29 con el diagnóstico de EnteroBehçet, una vasculitis autoinmune, multisistémica y rara. Y si sólo fuera esa, aún sería simplemente rara, pero estas EERR (enfermedades raras) nunca vienen solas, y eso hace que haya días de verbena eterna, de insomnio y otros de intensa somnolencia. Si pertences a mi Club , o a otro similar: «Quédate, por favor», y si te gusta saber de lo poco conocido, éste también es tu lugar… ¿Empezamos?…

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