
Hay dias que no tienen nombre,
Ni cifra, ni mes indicado.
Dias que antecedieron a un reto,
Que precedieron a lo más sano.
Hay dias que, sin preguntar, engullen,
Como si jamas hubiesen sido alimentados.
Tambien los hay ya saciados,
Y en brazos mansos te acunan,
Y sus susurros nunca sonaron mas sabios.
Mi dia no tuvo sol,
Hubo niebla,
Ni un solo trinar de pajaros.
Mi noche gritó mi nombre,
Me invocó volver a su lado.
Y sin saber el como, entender el porqué,
Ni su presencia, su esencia,
Su olor, su tacto,
Supe leer en mi boca,
Que ansiaba besar sus labios.
Y así, cual alma sin cobijo alguno,
Renegué de un saber amargo.
Pues si una, tres, o mas veces rompió todo el encanto,
¿Quien te asegura, princesa, que no es un principe falso?

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