
Qué difícil, por no decir imposible, es llegar a cualquier sitio sin haber batallado por ello, sin haberte abierto paso entre multitudes hambrientas de la misma arena, gladiadores portando sus mejores mallas y haciendo gala de todas sus virtudes.
Llegar a este mundo es en sí una gran pelea, en la que la forma más diminuta y sencilla que tiene el ser humano, hace frente, tras 9 meses de placentero control y estatismo, al instinto primario que le empuja a abandonar su primer hogar, su primera zona de confort, en busca de ese otro nido en el que respirar un nuevo medio, dar voz a sus pulmones y emplear todo su ser para adaptarse a un mundo que podría definirse de muchas formas, salvo confortable, amistoso o amigable.
Venir al mundo es sin duda el preludio de la batalla más ardua que jamás libraste, pues haya más o menos colores en tu arcoíris, es seguro que las nubes se abrirán paso en más de una ocasión y tornarán en gris ceniciento, en feroz tormenta, los días que un día fueron sol radiante que reconfortaba tu rostro.
Venir, venir es llegar para luchar. Para, con el transcurso de los años y si la cordura te lo permite, forjarte la más implacable de las armaduras. Tu más que necesaria armadura. Esa que, aún cuando te garantice que con ella sobrevolarás los briosos mares de diciembre, y que tan sólo vibrará ante los más furiosos embistes del viento, te dejará temerosamente expuesto allí donde las mellas se transformaron en grietas, por unos golpes que disminuyeron su espesor, y por las que te empaparás sin opción, y te tambalearás cual títere a merced del viento.
Traer un hijo al mundo es la muestra fehaciente del anhelo del hombre y la mujer por hacer uso de un poder que semeja exclusivo de dioses. Una criatura que quedará expuesta a una sucesión de placeres y castigos desconocidos por ti, y a la que desearás proteger con tu manta, tus garras, y colmillos, mientras su caparazón se cubre de batallas ganadas y hendiduras cuando el mundo quiso dejar marcar de sus vendettas..
Traeros fue un acto de amor, de egoísmo, de búsqueda de sentido, de valor y compromiso. Y cual tallo al que se podan sus esquejes, los más bellos y más verdes, podrá la vida llevaros a nuevos lares, pero siempre quedará en mi vuestro origen, y en vosotros, la escasa sabia que partiera al desprenderos de vuestra fuente.
La madre que os trajo a este mundo intempestivo, inmisericorde, siempre custodiara vuestro auxilio, velará por el sol que os temple, y acechará a quien se acerque con pérfidas intenciones.
Os quise, os quiero y os querré por siempre, de forma corpórea y extracorporea, con cada átomo de mi cuerpo, con cada chispa de mi fuego interior.
Con pleno amor, mamá.

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