¿Cuándo fue la última vez que corriste un riesgo? ¿Cómo te fue?

Sería capaz de afirmar que en la vida de una enferma crónica, con más de siete patologías diagnosticadas, y más de 20 medicamentos que tomar al día, el asumir un riesgo es algo que, sin saber, haces a diario. Lo practicas como el respirar, aceptas que tu mañana puede tornarse en noche, que tu noche puede llevarte a los infiernos, y que mañana quizá te depara de nuevo una batalla que librar.
Nunca sabes qué ocurrirá, tienes de pareja de baile a la incertidumbre, y la inseguridad de qué es lo que pasará justo en el momento en el que termine el ahora.
El último riesgo lo estoy corriendo en este mismo preciso instante, pues remover lo que es una manojo de sensaciones contradictorias y dolorosas tiende a pasar factura de forma casi instantánea. Si así ocurre, me dejaré mecer. Me abandonaré hasta que mi interior se calme y recupere el aliento para continuar. Y en caso de que las fuerzas no me abandonen, disfrutaré del minuto a minuto, de cada brizna de aire que me despeine, de cada rayo de sol que me ilumine, de cada sonrisa, cada sonido, de cada paso que me lleve donde yo haya decidido.
Este es mi riesgo, y ya sólo queda esperar a la libertad o a mi condena.
Bienvenida sea…

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