
Mírala. Ahí está, tan tranquila. Parece no pensar en nada.
Espera…¿Qué digo? En realidad su mente es una madeja de enredos, de risas, de pesos.
Mírala bien esta vez. Está inquieta. Tanto, que no puede evitar tocar constantemente sus cosas. Primero, ese bolso repleto de objetos, recolocando incesantemente todos sus cachivaches. Tras eso, no ha podido resistirse y ha cogido entre sus manos ese libro que siempre pasea y que aún, hoy, no ha abierto. Y como última opción en esto que parece la más antigua de las liturgias, golpetea de forma casi inconsciente, una, dos, tres veces, la pantalla de su móvil.
¿Dirías que espera a alguien? Estoy convencida de que así es. Y es hasta bonito verla esperar de esa manera; como quien espera una primera cita; como quien deseara que apareciera por casualidad ese Ex que la hirió y no supo verla entonces tal y como es hoy.
Lo apostaría todo al rojo afirmando que hoy se siente hermosa. No todas las chicas se arreglan con tanto mimo para bajar a una cafetería a leer, o a esperar, aún no sé cuál es su finalidad.
Fíjate bien de nuevo en ella. En lo que lleva de página ha levantado la vista, mínimo, en cuatro ocasiones. Yo diría que no logra concentrarse, por mucho empeño que ponga.
Es curioso, porque cuanto más la miro, más me gusta lo que veo.
Sus mejillas comienzan a sonrojarse de la forma habitual en ella, y es que jamás dice no a un asiento cara al sol. ¿Por la vitamina D, dices? Ni por asomo. Lo que desea es recuperar algo del bronceado propio del verano, ese que por norma general nos sienta a todos tan bien…
¿Ves lo que decía? Confirmado ya. Acaba de levantar su cara, la ha dirigido al sol y permanece sin inmutarse con los ojos cerrados mientras el tiempo pasa sin más. Este momento sí que es sólo suyo.
Me encanta que no le importe que la miren, que piensen de ella lo que quieran, que es una vanidosa, que es superficial, que está loca sin más…Yo sé que no es así. Puedo ser de los pocos que piensa sobre ella así, pero sé muy bien lo que digo, porque no es la primera vez que la observo.
Ahí está encarada al sol de nuevo.
Como decía, no es mi primera vez. Llevo años viéndola.
La he visto de tantas formas que cualquiera diría que es imposible sorprenderse ya. Y lo que me mantiene aquí es que en absoluto es así.
Ahora mira al infinito. Parece que busque a esa persona que debiera llegar en coche, buscando sitio para aparcar, y poder así estar cuanto antes a su lado. Pero no. Qué va…
Levanta la vista, sujeta su mejilla con su mano, y sonríe; como si contemplara una bella escena; como si acabara de atisbar a esa persona que espera; como si frente a ella acabaran de estrecharse en un abrazo una madre y su hijo, tras haber correteado éste, cual pato, al encuentro de su querida mamá.
Y es que ella tiene esa facilidad. Desde la calma, el mundo le parece un lugar repleto de cosas que le hacen sonreír…
Ella es así, la reconozco…

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