Si VoLvIeRa A nACeR…

Si volviera a nacer, mi vida tendría otro color y otra melodía. No sabría asegurar si mejores o peores, pero lo que sí garantizo es que, en muchas ocasiones, mis tiempos valdrían lo mismo que mis deseos, mis sonrisas serían por ley perennes y mis lágrimas únicas y caducas.

Si volviera a nacer, me convertiría pronto en una infante “Froilán”, daría permiso a mi niña exterior a comportarse de la más libre de las formas, coloreando con la tierra y el barro mi piel ya de por sí morena, chapoteando en cada minúsculo charco hasta empapar mis zapatos nuevos, relamiéndome los dedos en cada comida, dejando siempre el mapa de los manjares disfrutados en las prendas que me arropan, como si en algún instante, hubiera que desandar algún que otro paso…

Si volviera a nacer sería una alumna corriente, atenta a todo aquello que no está escrito en los libros, que no te enseña una simple pizarra, por complicados que sean los algoritmos en ella escritos. Mis ojos tendrían por foco observar, aún más si cabe, el baile de la vida y los que en ella bailan. Trataría de bailar con personas repletas de luz, aquellas que en la noche te iluminan sin esfuerzo, las mismas que robasen mis sentidos y colmaran mi atención de miradas cómplices, caprichosas, vivas. Aquellas con ganas de trasgredir alguna absurda norma, jugando a lo imposible, a descubrir lo oculto tras una pausada orla. Sentidos que jamás se dejarían embaucar por cantos de sirena, por panfletos de baja talla, por discursos presuntuosos y vacuos.

En esa vida, mis pasos dejarían la estela de quien pisó firme recorriendo exactamente el rumbo marcado por ella. Mi instinto derrocaría a cualquier Rey o Reina que osara hacerme temblar, porque temblar lo haría yo, cuando, donde y con quien quisiera.

En esa vida no habría lugar para ser herida por la envidia, los caprichos ajenos, la deslealtad, ni los mediocres. Mis valores y mi valía me darían alas con las que sobrevolar tanta inmundicia barata, la que te desbarata en segundos quien decidiste ser en cuerpo y alma.

No habría día no gozado, risa no liberada, sonrisa no regalada, ni abrazo mal dado. Habría siempre lugar para una conversación saciante, una mirada profunda y un te cojo la mano para nunca soltarte.

Si volviera a nacer, sería yo en mi versión actual, desde un principio, desde los albores del duelo, desde la cima más alta por mi conquistada. Vanessa en esencia, en cuerpo, espíritu y ansia.

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Soy Vanessa

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Tengo 45 años y la ilusión de una chiquilla al encontrarte por aquí: “Bienvenid@ a mi mundo!”. Me atrevería a decir que conoces a pocas personas como yo ¿Así de osadas? No…así de «rara» y «extra-ordinaria». Y es que desde los 24 años ando inmersa en una maraña de síntomas que culminó a los 29 con el diagnóstico de EnteroBehçet, una vasculitis autoinmune, multisistémica y rara. Y si sólo fuera esa, aún sería simplemente rara, pero estas EERR (enfermedades raras) nunca vienen solas, y eso hace que haya días de verbena eterna, de insomnio y otros de intensa somnolencia. Si pertences a mi Club , o a otro similar: «Quédate, por favor», y si te gusta saber de lo poco conocido, éste también es tu lugar… ¿Empezamos?…

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