Normal, normal hubiera sido poder disfrutar de la juventud, sorbiéndola a tragos, engulléndola a mordiscos, con los dientes afilados cual depredador hambriento ante su deseada presa.

Normal, normal hubiera sido devorar las tardes y noches rodeada de amigos, de pretendientes y pretendidos, seres llenos de vida, ansiosos de ocio y risas.

Normal, normal sería poder despertar, cualquiera que fuera el día y dejarse envolver por la brisa, sin ofrecer resistencia, vagando de un sitio a otro, disfrutando del ahora, del ya mismo, del a por todas, sin temor ni duda alguna.

Normal, normal sería poder decir “aquí estoy yo, y aquí estaré siempre”, poder comprometerte, emprender hoy y continuar mañana, responsabilizarte, equilibrarte, estabilizarte, ser sencillamente la de antes.

Normal, normal sería no establecer conversaciones estériles, pugnar por ser la número uno en síntomas, medicación o citas. Y que en esa absurda pugna se determine no poder atender a tu persona querida, por ser tu misma la que requiere ser atendida

Normal, normal sería poder extender tus alas y sobrevolar inquietudes y miedos, sin que las mismas quedaran quebrantadas ante tanto desaliento.

Normal, normal deja de ser tu vida cuando, pese al mayor de los temores, optas por tomar toda tu medicación ante tus pequeños, intentando normalizar lo extraordinario, pretendiendo que te vean crecer con todas tus limitaciones y esfuerzos, con tus más y tus menos, con tus risas y llantos, con sonrisas y lamentos.

Normal es un adjetivo que ansío, extraordinaria es el apelativo por mi elegido. Y es que, y maximizando el desvarío, opto por pensar que la normalidad está sobrevalorada, y el ser extraordinaria es un don para unos pocos elegidos.

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Soy Vanessa

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Tengo 45 años y la ilusión de una chiquilla al encontrarte por aquí: “Bienvenid@ a mi mundo!”. Me atrevería a decir que conoces a pocas personas como yo ¿Así de osadas? No…así de «rara» y «extra-ordinaria». Y es que desde los 24 años ando inmersa en una maraña de síntomas que culminó a los 29 con el diagnóstico de EnteroBehçet, una vasculitis autoinmune, multisistémica y rara. Y si sólo fuera esa, aún sería simplemente rara, pero estas EERR (enfermedades raras) nunca vienen solas, y eso hace que haya días de verbena eterna, de insomnio y otros de intensa somnolencia. Si pertences a mi Club , o a otro similar: «Quédate, por favor», y si te gusta saber de lo poco conocido, éste también es tu lugar… ¿Empezamos?…

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